Más allá de la imaginación
Chapter 6: La condena de la diosa
Previous Chapter Next ChapterTwilight entro en el edificio. Era un largo pasillo mortecinamente iluminado por lámparas adheridas a las paredes. Las paredes estaban empapeladas con un diseño de flores ornamentales de color negro, con un fondo violeta. Cerca de ella, una mesa de caoba apoyada sobre la pared, con un florero con rosas le daba la bienvenida. También pudo observar diversos, muebles de madera, como sillas al estilo Chipándole, cuadros con paisajes, retratos y escenas extrañas, y más mesas que recorrían el pasillo. El piso tenía una alfombra verde, sobre un piso de madera de color marrón oscuro, casi negro. El techo, estaba compuesto de un amplio vidrio, que dejaba ver el cielo nocturno con sus estrellas y nubes amenazantes sobre las frágiles ventanas. En algunos puntos, dejaba caer candelabros de cristal. Sus velas, estaban casi consumidas totalmente y apenas iluminaban las alturas. Se escuchaba el sonido de una música tranquila.
Camino por el largo pasillo. Todo estaba en absoluto silencio, incluso los pasos de ella no hacían el más absoluto ruido al caminar. Llego hasta el final del pasillo, para darse cuenta que seguía hacia la derecha. Volvió a caminar hasta el final, para volver a doblar a la izquierda. Cuando se dio cuenta, comenzó a escuchar una música tranquila que la acompañaba y la calmaba, pero no sabía con exactitud de donde salía. Así, siguió por un largo tiempo, deambulando por un laberinto de una sola dirección y de un solo pasillo. Se repetía el patrón, un pasillo a la derecha, luego uno a la izquierda, a la derecha otra vez, y así. Parecía que el pasillo no tenía fin. Noto que la decoración en todo el pasillo, era idéntica. La misma alfombra, los mismos muebles, las mismas flores en el florero, todo era exactamente igual.
-"¿Qué estaba sucediendo?" –dijo para si misma.
Pensó en volver a la puerta por la que había entrado. Pero desistió de ese pensamiento enseguida. Para ella no tenía mucho sentido, caminar por un pasillo que se extendía hasta el infinito. Quizás era una trampa que le habían jugado, pues quizá no debía confiar en un hombre que apenas acababa de conocer. No sabía cuál era las intenciones de ese hombre.
-"¿y si quería atraparla en este lugar para siempre?"- Estos pensamientos de duda asolaban la mente de Twilight.
Al final vio una puerta doble, abierta de par en par. Se alegró tanto que corrió hasta ella, pero se detuvo antes de ingresar corriendo a la habitación. Debía comportarse. Entro con gran calma.
En la habitación, estaban sentados dos curiosos personajes, sentados uno frente a otro, a lo ancho de una mesa que muy larga. La mesa llevaba un mantel de cuadros verdes y marrón claro. Sobre la mesa había piezas de ajedrez, entremezcladas de color rojo, negro, verde y canela. Pero las piezas blancas estaban en perfecto orden, de un lado. También había cartas desparramadas por el piso y la mesa. Una ruleta, unos relojes de ajedrez ubicados cerca de cada uno de los personajes, algunos dados, unas copas, una botella de vino, en reloj de péndulo pequeño flotando en lo alto de sus cabezas y diversos objetos de juegos de azar más.
Uno de estos personajes, era un hombre todavía joven, disfrazado de arlequín, con un traje a rectángulos verdes y rojos. Con una gorguera de color blanco con verde. Llevaba un gorro de bufón, del mismo color que su traje, con cascabeles en sus puntas. Era el que estaba jugando con las piezas de colores. El otro extraño personaje, era una mujer hermosa, de tez blanca y cabello rubio y ojos amarillos, disfrazada de princesa. Llevaba un largo vestido color blanco y rosado claro. Unas largas trenza que llegaba hasta casi tocar el suelo. Sus uñas pintadas de color rojo y blanco.
Ambos la miraron por un momento a Twilight, antes de volver a mirar el ajedrez. Ella se sintió avergonzada, con un toque de rubor en su rostro hiso un gesto para ingresar. Era una habitación oscura, que dejaba ver solo una mesa larga iluminada de la misma manera que el pasillo. Dejando ver a estos personajes de una forma tétrica. La mesa se extendía, hasta donde alcanzaba la vista. En el fondo, donde terminaba la mesa, se veía 2 árboles, con sus ramas entrecruzadas formando la silueta de una puerta. En ella, se veía un gran parque iluminado por el sol de mediodía.
Twilight ingreso lentamente y miro a la mujer.
-yo…- comenzó Twilight.
-espero que halas disfrutado de la música Twilight, es tocado por Mischa Maisky. La pieza era "Cello Suite No. 1 en G" de Bach.
Quedo fría en su lugar, como si no esperara esa respuesta. Ya un poco más calmada y menos sorprendida respondió.
-¿Cómo sabe mi nombre?
-También sé que te envía la figura del pescador por una máscara, pues debes encontrar a tu Virgilio para volver a tu mundo. O mejor dicho a Equestria-levanto la mirada y dejo ver so sujos amarillos y sonrió amablemente- Yo soy Isis Twilight. Soy la diosa de la adivinación. Ven siéntate- indico una silla libre cerca de ella.
Se acercó y tomo la silla, llevándola cerca de la mesa, y se sentó.
-No creo mucho en la adivinación- comenzó Twilight- otra explicación, más lógica seria que el pescador o alguien más le hubiera dicho mi nombre, pues en el tiempo que estuve en el pasillo pudieron tranquilamente hablar de mí. Además de que, quizás, Virgilio le hubiera contado todo lo demás.
-interesante deducción Twilight. Pero te olvidaste de 3 cosas. La primera, en este universo no se aplica las leyes de tu mundo. La segunda, el pescador fue a preparar todo para cuando vallas para el navío además, como podrás observar, el techo estaba formado por ventanas transparentes que dejaban ver el cielo nocturno, si el pescador hubiera querido venir, tu lo hubieras percibido primero por el hecho de que en esta habitación, no existen ventanas. Por lo que él no me pudo haber dicho nada. La tercera, Virgilio te había dicho que él puede manipular este mundo a su voluntad, por lo que él puede, y lo hizo, transportarse a la cabina del capitán sin necesidad de pasar por aquí. En cuanto al pasillo, no es tan largo como piensas. Mira- apunto hacia la puerta de entrada.
Twilight volteo la cabeza, viendo que el pasillo por el que había venido, había disminuido su tamaño, a un único pasillo de 10 metros, Incluso se podía ver la puerta que no había cerrado al entrar.
-eso, no es posible ¿Cómo lo…?-tartamudeaba.
-Twilight, de las cosas que viste hasta ahora ¿aun crees que este lugar tiene alguna lógica desde tu punto de vista? Incluso los propios personajes que conocen tienen una historia que no creerías. Te daré un consejo: Acepta que este mundo no lo entiendes, así te ahorraras muchos dolores de cabeza- tomo un poco de algo que tenía en su copa- ¿Quieres que te lea el futuro antes de que te de la máscara?
-no gracias- comento- ya le dije que no creo en la fortuna. Solo quiero que me respondas ¿A qué te refieres con que los personajes de este mundo tienen una historia que no creería?
-Dándote un simple ejemplo: Sé que consideras al pescador solamente como un hombre anciano, que ha vivido una tragedia por la pérdida de su amada Annabel Lee, pero él es el dios de los océanos y mares.
-¿Un dios?
-La historia es mucho más trágica de lo que sus simples versos describen Twiligh. Él es el dios de los océanos y mares, su trabajo lo condena a cuidar eternamente de las almas que en los océanos han muerto y lo hace manteniendo la memoria de todos los que han muerto en sus aguas, adquiriendo la memoria que estos tenían, al igual que todo lo que estos conocían. Él una vez lo describió como si fuera un cementerio andante por todas las almas que él posee dentro suyo. También es el encargado de proteger a los pescadores y mantener un equilibrio con la tierra y los mortales. Puede proveer los peces para que estos puedan sobrevivir, pero de castigar los excesos de la misma tierra si cree que estos están explotando su propio cuerpo, con maremotos o tsunamis que arrasan ciudades enteras, incluso ha hecho desaparecer islas enteras en solo segundos. Pero su poder es controlado en parte por su amada Annabel Lee, que en el inicio de los tiempos de su tragedia, ha tomado la forma de la Luna de plata. Cada noche, el pescador la observa, en el incansable cielo nocturno que ilumina el mar.
-¿Por qué es una condena?
-Porque los mortales, hacen que un dios le hagan favores de una manera egoísta, como si pensaran que ese dios, no es más que un simple esclavo de las peticiones que estos le hacen, si el los obedece, lo consideran bueno, si no los obedece lo consideran malo. Allí radica una pregunta de la bondad, y al mismo tiempo la pregunta del gran escritor: Si existiera un hombre absolutamente bueno ¿Lo consideraríamos un santo o un idiota?
-¿A que te refieres con que alguien absolutamente bueno, se lo consideraría un santo o un idiota?
-Déjame explicarte: De la misma manera que este mundo es creado por un autor, o por un hombre que sueña, o por un Virgilio que controla la realidad, existieron otros hombres que soñaron y crearon otros mundos. Estos, han creado un mundo que puede ser contenido en un solo libro, o en una sola memoria.
El Nietzsche que soñó con el advenimiento del personaje del superhombre o el Kierkegaard que se desvivió por convertirse en un auténtico "caballero de la fe" recuerdan en buena medida a un personaje trágico conocido como "príncipe Myshkin" imaginado por Dostoyevski en una historia que llamaremos "El idiota", personaje que, según el propio escritor confesaba, alumbró con mucho esfuerzo. Tanto el idiota como el superhombre o el caballero de la fe pertenecen, desde determinado punto de vista, a una misma familia. El parentesco viene dado por el hecho de ser cada uno de ellos la respuesta que sus autores quisieron dar a una preocupación común: la de qué hacer con la existencia cuando ésta ya no es un medio para alcanzar otra vida, si se quiere llamarlo de alguna manera "Verdadera" y cómo es posible vivir de manera virtuosa a pesar de pertenecer a un mundo sin Dios y, por lo tanto, sin Verdad. Sin embargo, hay algo que diferencia el planteamiento del escritor Dostoievsky en El idiota de sus…mmm…digamos "homólogos filosóficos": de los tres el suyo es el más descorazonador. Gracias a su arrolladora voluntad de poder creado en su cosmovisión, Nietzsche se consideraba la encarnación del superhombre. Por su parte, y aunque menos voluntarioso, Kierkegaard podía confiar por lo menos en que alguien capaz de creer estaría en condiciones de disfrutar de la beatitud en vida que él era incapaz de alcanzar. En cambio, Dostoyevski parece insinuar que una vida virtuosa no resulta posible en tales condiciones, a menos que uno esté dispuesto a renunciar a la cordura. El personaje de Cristo, o un santo secular, sería un idiota en un mundo como el nuestro.
No por "casualidad" Myshkin es un príncipe, un ave rara en un mundo burgués donde la aristocracia amaga claros signos de decadencia y de extinción. Hablemos un poco de este personaje Twilight-Los ojos de Iris empezaron a brillar-además un enfermo que ha pasado toda su infancia recluido en la casa rural de un médico filantrópico dedicado a su enfermedad, la epilepsia, hasta lograr hacer remitir casi todos los síntomas y en especial los ataques. Obligado a abandonar este bucólico medio a causa de una carta procedente de una ciudad llamada "San Petersburgo" donde se le anuncia que se ha convertido en heredero de un familiar remoto y desconocido, Myshkin acude a la ciudad para comprobar la veracidad de la carta y recibir, si es el caso, la herencia. El periplo se inicia cuando Myshkin viaja en el tren que le lleva a San Petersburgo: el primer día de vida urbana, que coincide con el de su vida adulta, está tan cargado de impresiones y acontecimientos que su relato abarcaría mucho más tiempo del que dispones, por lo que solo daré pequeños detalles: A lo largo de este primer día, el príncipe Myshkin conoce a todos los personajes que le acompañarán durante el resto de su andadura y ante todos ellos, se presenta como un enfermo de idiotez en vías de curación. Curiosamente Myshkin conoce en ese primer día a varios enfermos: a un joven enfermo de celos, a un general enfermo de indolencia, a su mujer enferma de ceguera, a una de sus hijas, Aglaya, enferma de arrogancia, a una mujer cautivadora aunque enferma de orgullo llamada Nastasha, a un adolescente tan insignificante como presuntuoso enfermo de resentimiento que exhibe su tuberculosis para hacerse perdonar sus impertinencias, a un enfermo de usura que merodea en torno a todos estos personajes a la espera la oportunidad propicia para la extorsión y muchos otros personajes que conforman ese mundo, al igual que los personajes que encontraras en este mundo.
En ocasión de estas nuevas amistades Myshkin exhibe desde el comienzo unas formas que desconciertan, fascinan e indignan según el momento a quienes le acaban de conocer. Inevitablemente, a medida que avanza su tragedia y todos los personajes que le rodean empiezan a abusar de la buena fe del idiota, me convenzo de que él es sin duda moralmente superior, puesto que la mezquindad ajena nunca consigue corromperlo sino sólo ensombrecerlo, o entristecerlo, aunque también lo convierten en alguien menos infantil de lo que había sido durante las primeras horas en San Petersburgo. Sin embargo, lo que se hace cada vez más difícil de comprender es cómo consigue el príncipe eludir la caída mientras la mezquindad de quienes le rodean aumenta de manera escandalosa al estrecharse su relación, hasta arrastrarle, en la última parte de la novela, a un auténtico descenso a los infiernos o, por lo menos, a las profundidades de la miseria y la abyección humanas.
Y ésta es, precisamente, la cuestión de nuestra charla: cuál es el secreto de Myshkin, en qué consiste su obstinada idiotez. Durante el primer día de vida en San Petersburgo Myshkin revela ante los Yepanchin, la familia del general, una significativa historia que, según él mismo confiesa, le obsesiona. Esta historia contiene, junto con otro episodio, una clave para entender en qué consiste la virtud del príncipe y por qué es calificada por Dostoyevski de idiotez. Se trata del relato de un conocido que, tras haber estado a punto de ser ejecutado por un error judicial, sobrevivió y pudo explicarle cómo fueron los minutos de vida antes de la ejecución, citare textualmente las palabras de este mismo personaje:
"A veinte pasos del patíbulo […] creía que sólo le quedaban cinco minutos de vida, nada más. Decía que esos cinco minutos le habían parecido una eternidad, una inmensa riqueza; se le antojaba que en esos cinco minutos viviría tantas vidas que no tenía por qué pensar en el último momento, de modo que tenía tiempo bastante para tomar varias medidas: calculó el tiempo necesario para despedirse de sus camaradas y había previsto que para ello necesitaba dos minutos; luego tendría dos minutos más para pensar por última vez en sí mismo y, finalmente, un minuto para echar una postrera mirada a su alrededor. […] después de despedirse de sus camaradas, llegaron los dos minutos que se había reservado para pensar en sí: sabía de antemano en qué iba a pensar: quería representarse lo más pronto y claramente posible cómo era que ahora, en ese momento mismo, existía, estaba vivo, y dentro de tres minutos sería solamente algo […] pero decía que en ese instante nada era más penoso que la idea pertinaz: «¿Y si no muriese? ¿Y si volviese a la vida? ¡Qué eternidad!¡Y todo eso sería mío! Entonces haría de cada minuto un siglo entero, no perdería nada, llevaría la cuenta exacta de cada minuto y no malgastaría uno solo!»
En ese momento es interrumpido por la pregunta de uno de las hijas de la familia
- ¿Qué hizo después con toda esa riqueza? ¿Llevó la «cuenta» de cada minuto?
El príncipe responde:
— ¡Oh, no! Él mismo me lo dijo… yo se lo pregunté… No vivió ni remotamente así y malgastó muchos minutos"
No es extraño que a Myshkin le obsesione esta historia porque a pesar de ser un idiota es un tipo inteligente y bastante suspicaz. Su idiotez no afecta tanto a su capacidad de penetración intelectual o reflexiva cuanto a su comportamiento. Pero cuando el príncipe se entrega a este relato, no es posible aún percibir hasta qué punto es elocuente. Sólo cuando los sucesos de su tragedia se aproximan a su final la verdad que encierra la experiencia del condenado a muerte resulta casi ineludible. Y es que, al desplegarse su destino –un cúmulo de desatinos, deliberados unas veces y fortuitos otras, a partir de los que se va urdiendo la desgracia— alcanzo a ver la situación de los personajes en perspectiva y reparamos en su lamentable parecido con la del condenado a muerte: todos actúan desesperadamente, movidos en ocasiones por la conciencia de que cualquier cosa que pueda hacerse es inútil puesto que hay tan poco tiempo y ninguna recompensa más que la muerte; y en ocasiones embriagados por la sensación de ser los dueños absolutos de un tiempo de vida que les resulta un don excesivo, que les exige una responsabilidad que no están en condiciones de asumir. Todos ellos actúan a sabiendas de que no hay una segunda oportunidad, de que esta vida es, como los últimos minutos de un condenado, lo único de que disponen: muy poco, porque el horizonte que aguarda es la muerte, la vida es sólo un lapso absurdo; demasiado porque, puesto que hay que morir y no hay una segunda vida donde vivir mejor, esta vida lo es todo. Aunque la incorruptibilidad de Myshkin parece evocar la figura del personaje de Cristo, el príncipe es tan mortal, tan humano, como cualquiera de los personajes que le rodea. E incluso podría decirse que, mientras que para los otros personajes la condena es una metáfora de la genérica finitud de la existencia, para el idiota la situación es apremiante en sentido literal, porque en todo momento pesa sobre su vida la amenaza de una recaída irreversible en la locura.
Sin embargo, a pesar de su idiosincrasia y a diferencia de lo que sucede a los demás personajes, no actúa de manera desesperada o angustiada, como si el hecho de ser un condenado, de padecer, más aún que cualquiera de ellos, la enfermedad mortal, no alterara su comportamiento. De manera que si el idiota elude el mal es porque se sabe condenado, porque no olvida nunca que tal vez no exista una siguiente oportunidad para enmendar los errores. En este sentido es, a diferencia de sus amigos, de una seriedad extrema, pues abraza cada situación como si fuera la primera y la última, como si fuera decisiva, en lugar de dejarse arrastrar por la corriente y tomar una decisión apresurada confiando en acertar en otra vida o, tan sólo, al día siguiente. Sin embargo, es precisamente esta absoluta seriedad del idiota la que no parece humanamente sostenible. Como cualquier otro hombre, el idiota desea y, en algunas ocasiones, incluso desea cosas que no son compatibles. Su seriedad le impide negar estos deseos encontrados pero, por otra parte, afirmarlos simultáneamente tiene consecuencias indeseadas para él, como por ejemplo el sufrimiento de otro. Los efectos de la prudencia con que Myshkin dirime su deseo para evitar equivocarse o cometer una injusticia habían podido presentirse en el hecho de que no parecía escoger a sus amigos sino tan sólo dejarse rodear de quien quisiera acercarse a él. Pero se dejan ver con toda claridad en el momento en que, instado por Aglaya y Nastasha a escoger entre una de ellas, Myshkin se siente incapaz de resolver entre su deseo de salvar la vida a una mujer a la que admira y que, sin él, acabará suicidándose o seguirá prostituyéndose y su deseo por otra mujer que le atrae y le conviene. Incapaz de resolver, al fin, entre su sentido del deber y su sentido del placer. O, más sencillamente, incapaz de escoger.
El idiota confía en poder trascender la inherente miseria de su condición humana hic et nunc. No obstante parece que la única manera de conseguir evitar lo inevitable, a saber, el error o la maldad, es "colocarse antes de la alternativa", igual que el personaje del seductor de Kierkegaard. La finitud es una condición lamentable porque está indisociablemente unida a la temporalidad y ésta, a su vez, no puede sino abocar al error: no hay perspectiva que abarque todos los puntos de vista y que pueda ser, por lo tanto, perfectamente equilibrada y justa. Toda perspectiva es, por definición, sesgada, parcial, errónea. Y sin embargo, para los seres finitos sólo hay perspectiva.
El idiota es incapaz de asumir esta determinación de su condición y de aceptar, por lo tanto, que puesto que es humano es preciso escoger e, inevitablemente, equivocarse. En este sentido su autor, Dostoyesvki tiene toda la razón al bautizar al príncipe como idiota: no por cuanto sea un pobre iluso, que no lo es, sino porque confía en poder librarse de la condición a la que pertenece, la finitud, a fuerza de eludir el discernimiento, la elección. Por otra parte, como no es en absoluto un idiota en el sentido vulgar del término, es capaz de comprender que la opción de colocarse antes de la alternativa, es decir, la pasividad o la inacción, ni siquiera evita el mal sino que abre una nueva y tortuosa vía de sufrimiento. En su afán de comprenderlo todo y de perdonarlo todo, de observar el mundo desde un punto de vista más que humano, acaba convirtiéndose en un monstruo para algunas de las personas a la que ama. Y con razón un conocido le interroga un poco antes de que enloquezca: "¿Adónde llegará usted con su compasión la próxima vez?". El idiota debe admitir al final que la elección es, al mismo tiempo que la causa del error, la única manera de evitar un mal mayor. Acaso sea la conciencia de este atolladero irresoluble la responsable de que Myshkin termine sumiéndose en la locura, en una idiotez radical e irreversible que le impide discernir siquiera entre las personas conocidas y los desconocidos. Lo que no está del todo claro es si la locura, o la idiotez, es para el autor Dostoyevski la única vía posible de beatitud o si, por el contrario, evidencia cuánto de extraviado tiene el sueño de una vida humana lograda.
Los ojos de Isis, dejaron de brillar y obtuvo su color de ojos natural. Twilight la miro unos momentos.
-¿Y qué le paso a Myshkin?
-Lo tienes enfrente tuyo Twilight-indico a su compañero vestido de bufón que todavía miraba fijo el tablero de ajedrez.
Twilight se acerco un poco a ese extraño personaje.
-¿Myshkin?
-No lo intentes Twilight, es inútil. No te dirigirá la palabra, y en estos momentos solo esta concentrado en el tablero.
Twilight miro con una pisca de tristeza y piedad a ese extraño personaje. Miro nuevamente a Isis.
-Hay algo que no he entendido ¿que representa el personaje de Cristo? ¿Y Quien es Cristo?
-Solo digamos, que es una figura que representa la bondad y la santidad. Pero más allá de eso, no tiene sentido que te lo explique. Solo añadiré que es también, una de las figuras trágicas por su bondad, y es el personaje de lo que su autor ha escrito su destino.
-De hecho, sobre el destino para mi es algo que cambia, porque en mi mundo no está determinado del todo.
Isis se acercó un poco, con cara sorprendida.
-¿En serio no crees en el destino?
-el destino no existe, Isis, cada uno debe forjarse su propio destino.
-¿Crees que las cosas pasan por simple azar y que nada está conectado?
-El azar, puede suceder, pues en la ciencia se guarda un pequeño margen para ella. Pero nada, está conectado. Todos somos independientes, de nuestro futuro.
Isis, se volvió a sentar firme, mirándola.
-En este mundo existe un dicho popular: el aleteo de una mariposa en un lado del mundo, ocasiona un tsunami en el otro lado del mundo. Todo está conectado Twilight. Piénsalo un momento-los ojos de Isis comenzaron a brillar nuevamente- Si los padres de Fluttershy no la hubieran mandado a una escuela de vuelo, nunca hubiera sido molestada. Si Fluttershy, no hubiera sido tan tímida, nunca los otros pegasos en la escuela de vuelo la hubieran molestado. Si Rainbow Dash nunca hubiera defendido a Fluttershy, ella nunca hubiera podido descubrir su Cutie Mark. Si Rainbow Dash no hubiera corrido en esa carrera, nunca hubiera hecho la Rainplocion sónica. Si ella nunca hubiera hecho la Rainploción sónica, tú hubieras fracasado en tu examen. Si fracasabas en el examen, nunca hubieran podido descubrir tú Cutie Marck.
Pero eso es algo que tu ya sabes, vayamos un poco más al pasado: Si Luna nunca hubiera tenido el deseo de poder, ella nunca se hubiera peleado con Celestia. Si Celestia nunca se hubiera peleado con Luna, nunca hubiera vuelto como Nightmare Moon. La existencia de la corrupción de un personaje, es necesario para que sucedan los acontecimientos posteriores en la historia. Es así como comienza la historia que hace mucho tiempo después, exactamente 1000 años antes el destino te había preparado, pero sigamos: Tiempo después, existió la fundación de Poniville que continuaría la preparando la historia de tu destino. Si la familia Apple, no hubiera ido a Canterlot porque pasaban hambre, nunca se hubiera fundado Poniville. Las hambrunas e incluso la muerte formaron parte de ese destino.
Vallamos un tiempo más tarde, tu describiste el misterio del regreso de Nightmare Moon. Si Celestia en su arrogancia, y su despreocupación no te hubiera tomado enserio, tu nunca te hubieras ido a Poniville. Si nunca hubieras ido a poniville para supervisar la fiesta del levantamiento del sol, nunca hubieras conocido a tus amigas. Si Nightmare Moon, no Hubiera atacado Poniville primero, nunca hubieran necesitado que ustedes la derroten.
vallamos un poco más al presente:Si Sunset Shimmer, nunca hubiera abandonado a Celestia, nunca se hubiera ido al otro mundo. Si nunca se hubiera ido al otro mundo, nunca hubiera tenido el deseo de controlar ese lugar. Si nunca hubiera tenido ese deseo de poder, nunca hubiera robado tu corona. Si nunca hubiera robado tu corona, nunca hubieras ido al otro mundo. Si nunca hubieras ido al otro mundo, nunca te hubiera venido la duda de si hay otros mundos aparte de esos dos, y por ende, un lugar que funcione como punto intermedio entre todos los mundos. Si nunca te hubiera entrado la duda de si hay otros mundos, nunca hubieras investigado, ni descubierto el hechizo de poder elegir el mundo al que quieres entrar. Si nunca hubieras descubierto ese hechizo, nunca hubieras terminado aquí. Si nunca hubieras terminado aquí, jamás hubiéramos tenido esta conversación. Sobre la relatividad de la bondad y el azar
Los ojos de Isis dejaron de brillar.
Se produjo un silencio mientras se quedaban mirando fijo
-¿Cómo sabía todo eso?-se pregunto Twilight a si misma. Eso ya sobrepasaba toda explicación lógica o ilógica en su cerebro. Era como si la hubiera estado siguiendo, desde el momento en que todo su universo se había creado, he incluso paso por su cabeza, que sabía en qué momento y como acabaría su universo. Le daba escalofrió que alguien sepa tanto sobre ella, en un mundo que no era el suyo y con la que solo había cruzado unas cuantas palabras, antes de que ella le dijera toda su historia.
-Todo está conectado, Twilight- continuo Isis- Con la vida se inicia el juego del destino infinito desde el nacimiento, hasta la muerte, todo tiene un destino que se conecta con los de los otros, imposible de escapar. Estando en este universo, y en todos los universos posibles, te das cuenta que en la vida de todos, todo puede pasar, de un momento a otro todo puede cambiar. Las cosas que pasan no se pueden frenar, todo tiene su destino escrito detrás, que lo condena o lo salva. No existen coincidencias, ni fallas, ni errores, tampoco existe lo que se conoce como maldad o bondad, porque todo necesariamente debe existir, incluso la ironía de los destinos. Incluso no existe lo que se llama la propia libertad, ni libre albedrío, no tiene valor para el destino que se te ha impuesto. Son meras ilusiones de nuestra mente, que no entiende como todo está conectado, y que se deja llevar por la propia niebla del futuro. Para los demás mortales y personajes, es lo que les permite vivir, pero para mi, es una eterna condena de ver como todo esta conectado, y saber el destino y el pasado de todos los seres del resto del universo.
Por una razón, te convertiste en princesa, por una razón conociste a tus amigas, por una razón naciste en el lugar adecuado. Destino Twilight, esa es la respuesta a todo lo que nos pasa- se acomodo nuevamente en su silla y comenzó a mover el primer peón de su fila, mientras comenzó a resitar- el jugador domina el destino de estas piezas. Pero también el jugador es prisionero de otro tablero Twilight, de negras noches y blancos días. Se dice que dios mueve al jugador, y este a la pieza, pero ¿Qué dios detrás de dios la trama empieza, de polvo y tiempo y sueños y agonías? Quizá estamos condenados a nunca saberlo.
Twilight contemplo cómo se desarrollaba la partida, como cada peón y torre eran quitados del juego, a veces para que otra piezas sea salvada, otras por un simple capricho de los jugadores para dejar sin una pieza a su adversario, otras eran sacrificadas, otras no se habían movido, pero al final estas también funcionaban mucho tiempo después como defensa por el simple hecho de no ser movidas. Al final Isis gano el juego.
-La máscara esta al final de la mesa Twilight, fue un placer hablar contigo y de conocerte- dijo Isis, mientras ordenaba nuevamente las piezas para comenzar otra partida.
-Gracias-apenas murmuro Twilight.
Se levantó, sin decir más palabras y se dirigió hasta el final de la mesa.
En su trayecto veía que había otros tableros más. Otros mazos de cartas, tableros de damas, de damas chinas, dados, copas, dardos clavados en la mesa cerca de una diana, tableros de oca, y otros juegos de mesa que eran desconocidos por ella. También una ruleta, juegos de bingo, papeles con juegos de gato, ahorcado, sopa de letras, sudoku, etc. Todo desordenado y desparramado por la mesa. Pensó en la similitud, del desorden aparente de esos juegos, y en el desorden aparente del destino que los unía.
Siguió caminando, cada vez acercándose más al cuadro, que formaba los 2 árboles. Cada vez que avanzaba veía más juegos de mesa con más desorden. Pensó en que, incluso donde se ubicaba Isis, también no era cuestión del azar. Al final llego al final de la mesa.
En ella, había una máscara. La máscara tenía la forma de una cara de un cráneo, con una leve sonrisa. En la frente, estaba dibujado un corazón tribal, de color rojo y alrededor una imagen tribal de una cruz. Debajo del ojo derecho, una pica de color negro. Del lado del ojo izquierdo, una línea negra, que cruzaba desde la frente, atravesaba el ojo y seguía un poco por la mejilla. Tenía dos hendiduras para los ojos de color negro y una rendija entre los dientes.
-"Una extraña mascara entre muerte y payaso"-dijo para sus adentros.
Dentro de la rendija entre los dientes, había un naipe. Ella lo saco y vio que era el comodín (Joker), de un lado, del otro un pequeño mensaje que decía: la pintura. Se llevó la máscara y se acercó a la pintura. Del lado del árbol derecho tenía un cartel. Una tarde de domingo en la isla de La Grande Jatte de Georges Seurat.
Quedo viendo la pintura. Era un paisaje hermoso. Por un momento recordó los cuentos que leía de pequeña, o las tardes de verano jugando con su hermano en un paisaje igual al que estaba viendo. Pensó que debía volver, pero la pintura era tan hermosa que parecía real, que hasta se podía oír el murmullo de conversaciones y risas de los niños. Llevo la mano y toco la pintura. La pintura dejo formar hondas, que se expandían hacia los bordes del mismo, como hondas de agua en un reflejo. Se detuvo un momento, respiro profundamente cerrando los ojos y avanzando lentamente. Se sentía como si estuviera entrando a un lago frio, húmedo y claro. Su cabello, y su vestido flotaba lentamente en el aire.
Por un momento abrió sus ojos, dándose cuenta que estaba en la pintura. Siguió caminando, viendo a personas caminar, hablar, niños jugar con una pelota, las aves volando por el cielo, nubes pasando mientras proyectaban sus sombras en el césped y las personas. Todo era, simplemente hermoso.
A lo lejos, vio una puerta de madera, en medio de aquel paisaje. Se dirigió hasta ella, con paso tranquilo y sereno aguantando la respiración. Las personas pasaban a su lado, como si no la notaran, como si ella fuera un fantasma. Un pensamiento pasó por su cerebro:
"Como un visitante en un mundo extraño. Nadie lo nota, pero él lo ve todo ¿paso aquel, que nadie vio, que no dejo huella? Cuando pasamos, en este infinito mundo, ¿alguien nos ve o estamos solos en el mundo? Solo somos sueño, en esta realidad para el mundo"
Llego hasta la puerta y entro. Ya no sintió el peso del agua, o el sonido de las personas. Estaba fuera de la pintura, pero no estaba mojada. Llego a un puerto. Era de noche.
