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Más allá de la imaginación

by Andrew R. S. Bloom

Chapter 5: El viejo y el mar

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Entro a una galería portica, de suelo de calzada donde se podían ver pequeñas hiervas creciendo entre los pequeños espacios y columnas de mármol de color blanco. Twilight miro a su izquierda, había distintas estatuas de yeso, mármol y piedra en hornacinas de la pared. Estas estatuas eran del tamaño de una persona promedio. Algunos, estaban vestidos con trajes de diferentes épocas y tiempos.

Del lado derecho las columnas de mármol, adornados con capiteles de corintio cada 15 metros más o menos. Entre las columnas, un barandal de mármol blanco, con balaustradas que le llegaban hasta su cintura. En algunas partes tenían, un florero de cerámicos con un determinado tipo de flor en cada uno de ellos. Así, uno tenía solo violetas, otro solo rosas, otro solo tulipanes, etc. Cada columna, mirando hacía la galería portica, tenia faroles de benceno que humeaban con un brillo fuliginoso. Mirando hacia el mar, tenía agujas de mármol de unos 5 metros que se extendían fuera de la seguridad de la columna, adentrándose en la nada del vacío, y colgado en su parte media y final, faroles que colgaban de cadenas a unos 3 metros de las agujas hacía el mar.

Levanto su mirada y vio más allá. Era de noche en el cielo, dejando ver una gran luna llena al horizonte, con nubes que se movían lentamente ocultando los rayos de la luna de plata. Todo en ese aire, estaba teñido de un azul oscuro donde el fulgor de las lámparas apenas tenía poder. Se acercó hasta la balaustrada y vio que estaban a una gran altura, sobre un gran mar que se extendía hasta donde la vista llegaba, dejando reflejar el fulgor de la luna en las aguas y confundiendo el cielo abismal con las aguas del profundo mar en la lejanía.

Empezó a caminar por el medio de la galería, mientras sus ojos buscaban al pescador. De vez en cuando miraba las estatuas de aquellos hombres y mujeres desconocido para ella. El detalle era asombroso. Cada gesto, cada detalle del pelo, las manos, el traje, los mantos, parecían personas de verdad. Vio que en la parte baja de las hornecinas, llevaba un pequeño letrero de bronce, apenas iluminado. Se acercó a uno y leyó "Aristóteles", miro otro "Rimbaund" y otro "Moliére" y vio que cada escultura, tenía su nombre. Excepto un lugar donde estaba exento de una hornecina, y ocupaba un gran letrero de vidrio, con letras de plata con la leyenda: "la inmortalidad, se le otorga a los grandes personajes de la historia, viviendo en la memoria de los vivos".

Siguió caminando, viendo la luna y el mar, las estatuas y los nombres. Miro un minuto hacia atrás, dándose cuenta que había avanzado mucho de la puerta. Siguió aminando un poco más, hasta que vio, a un hombre recostado por una columna, y sentado en una de las agujas. Tenie el pelo totalmente blanco, con un rostro que dejaba ver las arrugas del tiempo y la experiencia de los años pasados. Su propia piel, era bronceada, que dejaba sospechar una vida dedicada al trabajo en las inclemencias del sol. Llevaba una camisa color blanco, desabotonado 3 botones que dejaba ver su pecho con pantalones largos color negro y estaba descalzo. Llevaba una pierna estirada, y otra flexionada cerca de él. También pudo observar una caña de pescar que dejaba caer una línea de pesca hasta las profundidades del mar.

Ella se acercó hasta él. Se inclinó sobre la balaustrada, y puso sus codos en el barandal. Lo observaba de la misma manera que una hija observa a su padre, con una mezcla de respeto y alegría.

-¿Tu eres el pescador?-finalmente menciono, con un tono de serenidad y calma.

Él la miro. Sus ojos eran claros, dejando ver el cansancio en ellos, junto a el sueño la calma y su rostro era amable, pero dejaba ver algunas pequeñas cicatrices de una vida dura.

-Sí-respondió en calma y sin maldad en su voz ronca.

-Yo soy Twilight, mucho gusto-se pone firme- Te estaba buscando, me dijeron que tú me ayudarías a encontrar a…-pensó un poco y con tono confundido dijo-¿Virgilio? Creo que se llama así. Es que tengo que encontrarlo para regresar a mi mundo.

El anciano medito unos momentos.

-Sí, él justo había pasado por aquí, me hablo de ti. Dijo que estaría en la estación de control en el barco. Pero solo puedo llevarte hasta el navío, no hasta el barco.

-Está bien, lo entiendo. ¿Me ayudaras entonces?

-Claro que sí-Se levantó en la aguja, camino de manera temeraria y tranquila a la punta de la aguja y ato su caña de pescar en la punta de la aguja, con las cadenas del farol. Dejándola hay miro a Twilight y camino hacia la seguridad de la columna. Salto hasta el siguiente barandal, caminando sobre el. Miro que ella no se había movido y sonrió- Vamos

Ella lo mira unos instantes y camina por la seguridad de la galería.

-¿Eso no es peligroso?- pregunto ella.

-Sí, lo es-camino siempre sobre el barandal, mientras Twilight la seguía desde la galería-Pero no creo que me caiga. Dime ¿de dónde eres?

-De Equestria. Más exactamente de Poniville.

El pescador, llego hasta la siguiente columna y salto a la aguja de esa columna, luego al siguiente barandal. Ella lo miro perpleja.

-Virgilio me conto que viniste a explorar este lugar... Y ¿Qué te parece este pequeño mundo?

-Es muy increíble. En mi mundo no hay muchas cosas… tan impresionantes como las que he visto aquí. Además, muchas cosas son…como decirlo…sin sentido para mí.

-Entiendo-Volvió a saltar en una aguja y en el barandal -aquí suele ser muy ilógico todo lo que nos rodea para casi todos los visitantes- se sentó en el barandal y miro hacia la luna- dime, ¿de dónde vienes tienen luna?

-Sí- se acercó hasta él noto que la luna se había puesto color roja que la dejo fascinada, volvió a poner sus codos en el barandal, y apoyo su mentón por sus manos- pero nunca una luna roja.

Quedaron admirando la luna en silencio. Ella Escuchaba el sonido de las olas golpearse entre ellas, al viento mover su cabello, el fulgor de la luna en el agua ahora era de color rojo. Era una escena hipnótica. En un momento el pescador se levantó y siguió lentamente su camino. Ella lo siguió en silencio, viendo como su sombra se extendía en el piso de la galería. Luego lo miro. Estaba mirando hacia el mar mientras caminaba.

-¿En qué piensas?- pregunto ella en tono amable.

-el mar- contesto en un susurro inaudible.

-¿el mar?

El miro hacia adelante y volvió a cambiar de barandal. Empezó a recitar:

¡Hombre libre, por siempre has de querer al mar!

Es tu espejo: contemplas a tu espíritu mismo

En las olas que se desenrolla sin cesar

Y tu alma no es menos amarga que su abismo.

Twilight se quedó mirándolo, mientras el cambiaba de barandal.

Gozas hundiéndote en el seno de tu imagen;

La acaricias con brazos y ojos; tu corazón

Se distrae muchas veces de su propia emoción

Al eco de esa queja indomable y salvaje.

Miro a Twilight, mientras cambiaba de barandal y continuaba caminando.

Ambos sois tenebrosos a la vez y discretos:

Hombre, nadie ha sondeado el fondo de tu abismo;

Ho mar nadie ha llegado a tu tesoro mismo,

¡Con tan celoso afán guardáis tu secreto!

Salto a una aguja y se puso en la punta, mirando al mar, como si se dirigiera a una multitud. Twilight se detuvo y lo miro, no sin precaución y miedo de que él se resbalara.

Y entre tanto van los siglos innumerables

Que sin piedad ni remordimiento os atacáis;

Salto hasta el siguiente barandal y se sentó cruzando las piernas Cambiando de rostro por otro melancólico, pero sin dejar de mirar al mar continúo:

De tal modo la muerte y la matanza amáis;

¡ho Eternos luchadores, ho hermanos implacables!

Quedo mirando hacia la nada. Ella lo miro, a una cierta distancia. Sintió pena por aquel pescador y de repente tobo una idea para alegrarlo. Empezó a aplaudir. El sonido de un aplauso recorría la galería vacía y apenas iluminada.

-eso fue…hermoso.

Se levantó y siguió su camino sin decir nada y con la mirada baja. Ella dejo de aplaudir, sintiendo doce un poco avergonzada de su actitud y lo siguió en el mismo silencio de antes. Caminaron un tiempo sin decirse nada.

-sin duda es una poesía hermosa-comenzo a decir el pescador- Pero no es mía. Es de un libro llamado: "las flores del mal". Fue escrita por Charles Baudelaire-indico a una de las hornacinas de la pared que dejaba ver a su correspondiente escultura- Un poeta francés. Cada vez que contemplo el mar, siento paz en mi alma. Es lo único que me hace sentir paz, además de la pesca. Recuerdo este poema, como la primera vez que lo leí cuando era joven. Solo quería compartirlo antes de que vuelvas a tu hogar- levanto la vista y contemplo la marea del mar.

-ese debe ser un gran libro. En mi mundo nadie compone tan hermosas poesías como esas. Quisiera poder leerlo algún día. Pero no me quedare mucho tiempo. Solo lo necesario.

-Je, todos nos quedamos en este mundo, solo lo necesario-miro a Twilight un momento, con aire melancolico- me recuerdas a ella, a mi amada Annabell Lee.

-¿Que paso con ella?

Se detuvo y volvió a sentarse en la barandilla, y comenzó a recitar:

Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que os evoco
por el nombre de Annabel Lee;
y era su único sueño verse siempre
por mí adorada y adorarme a mí.

Niños éramos ambos, en el reino
junto al mar; nos quisimos allí
con amor que era amor de los amores,
yo con mi Annabel Lee;
con amor que los ángeles del cielo
envidiaban a ella cuanto a mí.

Y por eso, hace mucho, en aquel reino,
en el reino ante el mar, ¡triste de mí!,
desde una nube sopló un viento, helando
para siempre a mi hermosa Annabel Lee
Y parientes ilustres la llevaron
lejos, lejos de mí;
en el reino ante el mar se la llevaron
hasta una tumba a sepultarla allí.

¡Oh sí! -no tan felices los arcángeles-,
llegaron a envidiarnos, a ella, a mí.
Y no más que por eso -todos, todos
en el reino, ante el mar, sábenlo así-,
sopló viento nocturno, de una nube,
robándome por siempre a Annabel Lee.

Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos,
más grandes que ella fue, que nunca fui;
y ni próceres ángeles del cielo
ni demonios que el mar prospere en sí,
separarán jamás mi alma del alma
de la radiante Annabel Lee.

Pues la luna ascendente, dulcemente,
tráeme sueños de Annabel Lee;
como estrellas tranquilas las pupilas
me sonríen de Annabel Lee;
y reposo, en la noche embellecida,
con mi siempre querida, con mi vida;
con mi esposa radiante Annabel Lee
en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.

Twilight lo miro entristecida.

-Lo lamento mucho señor.

-No te preocupes Twilight-se levanto y siguió caminado por la baranda-es por eso, que en noches como esta me gusta mirar el mar. Curiosamente, esta historia se convirtió en un viejo poema, como si ese escritor hubiera escrito mi vida, en algunos versos. Pero, quizás, a cada uno un escritor ya halla escrito nuestra historia en otro lado, y nos toque ser solamente los personajes de esa historia.

-¿En que libro esta esa poesía? Pues me gustaría recordarlo cuando vuelva a mi mundo.

-sí- asintió y volvió a cambiar de barandilla- quizá Virgilio te regale un libro donde este todas las poesías de este lugar antes de que te vallas. Pero no sé si se materialice en tu mundo. La verdad no entiendo mucho sobre eso, lo ignoro. Este mundo puede ser muy ilógico y caótico, pero nunca quisiera nacer en otro lugar que no sea este- quedo un minuto en silencio, como si pensara algo- sabes necesitas una máscara, antes de ir al navío. Puedes conseguirlo con Isis.

-¿Quién es Isis?

-una amiga mía. Te dará una máscara para que puedas ir al navío. Está en la siguiente habitación.

Indico la puerta que estaba enfrente. Habían llegado al final de la galería, que seguía un largo edificio con ventanas. En ella, una doble puerta de madera robusta y decorada con corazones, tréboles, diamantes y picas en relieve cerraban el paso. Ella intento abrirlo, pero estaba cerrada.

-Toma- el pescador le tendió una llave en forma de herradura en su guarda. Twilight lo agarro.

-¿No vendrás conmigo?

-Debo preparar todas las cosas para que puedas partir. Descuida, solo tienes que atravesar esta habitación y te encontraras con Isis. Dile que el pescador te mando, dile que necesitas una máscara y ella te la dará. Luego te dirá dónde está el puerto Joan. Yo estaré allí. Por ahora, nos veremos pronto.

Salto a la siguiente aguja y de allí a una ventana de manera acrobática. Twilight se dirigió hasta la balaustrada y miro hacía donde se había ido. Al lado de las puertas, estaba un edificio con muchas ventanas y pisos. El pescador, salto de una ventana hasta el poste de una bandera, de allí se columpio y agarro un farol colgante que estaba más arriba. Subió por la cadena hasta llegar a la cornisa. Luego siguió por una cornisa, hasta perderse de vista. Twilight miro la llave, y se dirigió, hasta la puerta. Lo introdujo en la cerradura y abrió una de las puerta antes de entrar.

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