Más allá de la imaginación
Chapter 19: La pintura y el reflejo humano
Previous Chapter Next ChapterEl formidable tren, se detuvo frente a la estación. La gran mole de hierro, metal y ladrillos de color negro, con ventanas cubiertas por cortinas rojas, que no dejaban ver el interior de aquella máquina. De unos 5 metros de altura, por 12 de ancho y de una longitud que llegaba hasta los 300 metros. Cada vagón, unido por varias cadenas negras, tenía forma de una pequeña fortaleza. Su muro negro, con decoraciones de calaveras humanas, cráneos y gárgolas, se unían con las ventanas de cristales, cada uno formando una imagen épicas de monstruos mitológicos, paisajes elíseos o símbolos desconocidos para Twilight.
Las puertas de esa infernal mole, se abrieron lentamente. Los pasajeros que estaban dentro, no menos fantástica que los que esperaban en la estación, empezaron a bajar lentamente, mientras se escuchaba murmullos de los pasajeros. Criaturas más grandes que las propias puertas de los vagones, como dragones blancos con cuernos de ciervo y un pelaje azul oscuro, salían de esas puertas. Pero los demás pasajeros, no estaban tan impresionados como Twilight al ver ese carnaval fantástico y demencial.
Empezaron a entrar los primeros pasajeros de una forma ordenada, otros permanecían en pequeños grupos con los recién llegados o simplemente permanecían imperturbables en sus lugares, como vigilantes de las reglas que deben cumplirse. Con tímidos pasos, Twilight siguió a la masa fantástica que empezaba a entrar en los vagones. Sintió que el guardián le tomaba por un hombro y la detenía. Se acercó a su oído y susurro.
-Tenemos un vagón especial para nosotros. Sígueme.
Se abrió paso por la multitud junto a Twilight, dirigiéndose a varios metros de la multitud que se atropellaba torpemente en dirección a los primeros vagones. Poco a poco, la gran multitud de seres fantástico comenzó a desaparecer lentamente. Llegaron a un vagón de cristal, cosa que hizo que ella recordara el castillo de cristal del imperio de cristal. Parte de la carrocería, reflejaba cual espejo la imagen de ellos dos al acercarse a la puerta principal. Algo llamo mucho la atención de Twilight: La puerta de entrada, poseía el símbolo de su Cutie Mark. Una estrella de cristal, que se dividía en dos mitades, derecha e izquierda, y daba paso a las entrañas oscuras de ese lugar.
Dentro del vagón, había un impresionante jardín. Grandes árboles de roble de hojas transparentes, arboles llorones de hojas cristalinas y manzanos de hojas blancas le daban la bienvenida. El césped, de un color rojizo, tenía pequeños grupos de flores alrededor de diversas estatuas de mármol. Las flores, eran rosas negras que rodeaban una estatua de Psique, otra estatua que representaba una figura de un esqueleto encapuchado con una hoz que era rodeado por flores azules cristalinas, con un pequeño halo de césped azul a su alrededor y con una niebla bien delimitada a su alrededor. Un pequeño camino de adoquines amarillo, similar al oro, llevaba hasta el lago, llegaba a un puente que atravesaba el lago, y se perdía de vista. Todo estaba iluminado por un extraño atardecer, que parecía dividir el cielo en los últimos rayos naranjas del crepúsculo y un cielo espacial, con nebulosas de colores verdes, rojos, violetas y celestes en el otro extremo que predominaba la oscuridad, como si fuera otro jardín en el propio cielo sobre sus cabezas.
-Vamos- dijo Virgilio, caminando apresuradamente por el camino.
Twilight se quedó viendo aquel paisaje, aquella obra de arte que se desplegaba en a su alrededor. Miro como la puerta del vagón se cerraba, y la puerta desaparecía detrás de ella. Emprendió la marcha, corriendo un poco para alcanzar a su anfitrión. Llego hasta su lado, viendo que Virgilio no expresaba ninguna expresión, como si las caminatas por ese lugar fueran tan habituales que sería una exageración prestar atención a esos paisajes. Permanecieron en silencio, mientras Twilight miraban las maravillas de ese jardín. Recordaba el jardín de Canterlot, a los habitantes del imperio de cristal, que llevaban una vida extrañamente habituados a las maravillas de ese imperio, de esos jardines y de esa ciudad que hacía maravillar a muchos seres de otros reinos. Miro nuevamente el grave rostro de su anfitrión.
-¿Por qué caminamos tan rápido?-pregunto ella a su acompañante.
-Pronto será de noche, y tenemos que llegar a nuestro vagón.
-Pero ¿Ya no habíamos entrado en nuestro vagón?
-No exactamente. Nuestro vagón es el siguiente, pero cada vagón es un portal que te lleva a un lugar determinado de este mundo. Solo quise que vieras este jardín antes de que regresaras a tu hogar. Es un jardín al que me gusta venir a meditar, en mis momentos más oscuros. Las diferentes figuras petrificadas de los demás dioses menores, el eterno paisaje de una noche estrellada con nebulosas de colores o el día imperturbable que ilumina a los árboles, dan una gran tranquilidad en mi interior.
Caminaron unos minutos más en silencio, atravesando el gran jardín y el puente del lago. El pequeño cuerpo de agua, poseía aguas tan cristalinas que reflejaban el cielo nocturno como un espejo. Pequeños peces se asomaban a la superficie, haciendo que las ondas de agua deformaran ese reflejo. El pequeño puente de madera, estaba pintado de un intenso color rojo. Algunas cintas de colores azules, flameaban por la tímida brisa de la noche.
Llegaron a una puerta corrediza al final del camino, justo en el momento que los últimos rayos de sol se ocultaban. Con un chasquido de dedos, el guardián abrió las puertas, dejando ver que estaban entre el medio de dos vagones. Twilight pudo observar que el tren ya había comenzado la marcha, dejando escuchar el sonido de las ruedas sobre los rieles. Virgilio, abrió la siguiente puerta con el mismo chasquido. Miro a su invitada, con una sonrisa forzada y una voz que intentaba ser amable, pero denotaba una especie de hastío.
-Adelante Twilight, yo iré más tarde. Debo cerrar la otra puerta antes de continuar. Más tarde me encontrare contigo.
Twilight asintió sin decir palabras. Tomo un poco de distancia y con un salto, atravesó ambas puertas abiertas. Miro detrás de ella, viendo como las puertas se cerraban y desaparecían detrás de ella.
Se incorporó y miro a su alrededor. Había entrado en un recibidor muy amplio. Los pisos eran de baldosas blancas y lustrosas que reflejaban tímidamente su imagen. Las paredes del mismo color blanco que las baldosas, hacían resaltar su propia existencia en ese lugar. Al adentrarse y caminar un poco por el lugar, observo que las paredes estaban decoradas con cuadros de distintas épocas, así como hornacinas con distintas estatuas, jarrones, piedras preciosas dentro de un cubos de vidrio, etc. Llego hasta una gran escalera que llevaba a un segundo piso. Observo el techo de ese lugar, que estaba decorado con distintos candelabros flotando o colgadas del techo. Incluso se podían apreciar frescos en el techo.
El segundo piso, poseía una decoración elegante, con habitaciones llena de muebles elegantes, como divanes, sillones de terciopelo, mesas de vidrio, libreros repletos de libros antiguos, estatuas de obsidiana y mármol y pequeñas decoraciones.
Camino por las habitaciones, mirando las pinturas, cada una de ellas poseía su título y el autor de esa obra en un pequeño papel debajo de cada una. Algunas eran muy bellas obras de arte, como: La persistencia de la memoria de Salvador Dalí, Noche estrellada de Vincent van Gogh, Baile en el Moulin de la Galette de Pierre-Auguste Renoir, La escuela de Atenas de Rafael Sanzio, Napoleón Cruzando los Alpes de Jacques-Louis David, La fábula de Aracne de Julio Velázque. Pudo notar que cada obra la cautivaban tanto como el jardín que había visto en el otro vagón. Otras, en cambio, eran muy oscuras: Piezas de anatomía y la balsa de Medusa de Théodore Géricault, Deterioro de la mente sobre la materia de Otto Rapp, Pintura sin nombre de Zdzislaw Beksinski, Estudio del retrato de Velázquez sobre el Papa Inocencio X de Francis Bacon, Gallowgate Lard de Ken Currie, etc. Muchas de estas obras le daban una extraña sensación de escalofrío al mirarla, pero al mismo tiempo un asombro por lo macabro y perturbador de estas.
Quedo parada en una en especial, llamada: Iván el Terrible y su hijo de Iliá Repin. Mostraba la figura de un hombre anciano con una expresión de gran arrepentimiento abrazando a un joven con la cabeza ensangrentada. Muchos pensamientos y reflexiones surgieron al ver esa obra. Quedo olvidada del mundo a su alrededor. Era una pintura algo extraña, pero a la vez cautivante. El tiempo que paso mirando aquella única pintura, fue indefinido para ella. Por un momento, sintió que esa única pintura era más real que todo lo que la rodeaba.
-¿Te gustan las pinturas?- pregunto Virgilio, que había aparecido al lado de ella de manera inesperada.
Twilight se asustó, emitiendo un pequeño grito y tocándose el pecho.
-Perdón, solo estaba matando el tiempo para esperarte y me quede mirando todas las pinturas.
-Bien, ya estoy aquí-con un además invito a seguirlo- Vamos quiero mostrarte mi pintura favorita-camino por uno de los pasillos del segundo piso.
Poco a poco, Twilight vio que el lugar era tan grande como una mansión, pero la conexión entre pasillos y habitaciones, era tan intrincada como un extraño laberinto. Subieron escaleras, cruzaron pasillos y entraron en numerosas habitaciones. Todas las habitaciones tenían la misma decoración, como si el decorado hubiera sido creado para perder a cualquier ser que osara entrar en los dominios de ese lugar. Los pasos de ambos resonaban por los pasillos, como si ellos fueran los únicos seres en ese extraño lugar. Los sonidos o la brisa en ese lugar, prácticamente no existían. Poco a poco, ese extraño lugar era más siniestro a los ojos de Twilight. Trato de entablar distintas charlas para olvidarse de ese tétrico lugar, creaba algunas distracciones deteniéndose en algunas pinturas que le interesaban a Twilight o se detenía a hojear algunos libros de los estantes. Poco a poco, esa extraña sensación de siniestro se fue extinguiendo, dando paso a una cálida charla sobre Equestria.
-¿En Equestria no hay muchas pinturas, verdad?
-No, no muchas. Bueno, no que yo conozca. Pero aquí, hay demasiadas, por eso me interesan.
-Comprendo-dijo Virgilio mientras seguía caminado- Si, aquí, como tú lo dijiste, hay demasiadas pinturas. De distintas épocas y siglos. De innumerables artistas. Pero quiero hablarte de una en especial. Solo de una, que para mí, es la más grande de todas.
La miro confundida. ¿Cómo puede haber una que le gane a todas las obras que hasta ahora había visto? ¿Qué tenía tan de especial?
-¿a qué te refieres?-pregunto ella.
- Me refiero a una sola obra, que la han visto innumerables personas. Que no destaca por su paisaje, su color, su complejidad para entenderla o cualquier otra cosa que digan. Pues, al contrario, es una pintura simple.
Finalmente, entraron a un dormitorio que poseía una decoración totalmente diferente a la de las demás habitaciones. Donde había una cama de dos plazas, con sabanas roja, con pequeñas mesas de noche a sus lados. Unas cortinas rojas colgadas de una ventana cercana, que dejaba ver una línea luminosa en el horizonte, grandes nubes que ocultaban una gran luna azul que dejaba ver un gran mar fuera de las ventanas. Un gran candelabro dorado, colgaba del techo e iluminaba débilmente la habitación. Este pequeño dormitorio, poseía una atmosfera diferente al de todas las demás. Se sentía como entrar en un lugar sagrado, un lugar que había sido testigo de un cálido amor. Era un extraño sentimiento hogareño, apacible y sacrosanto.
Twilight entro a la habitación, yendo hasta la ventana y apoyando su cuerpo contra la cornisa. El paisaje tranquilo del apacible mar, le dio un reflejo de una gran mansión que flotaba en ese gigante azul oscuro. Virgilio se acercó y poso sus codos contra la cornisa. Ella observo su rostro, pero se sorprendió de su extraña apariencia de melancolía. Volvió a mirar el paisaje, pero esta vez no lo vio tranquilo; su significado había cambiado. Esta vez, era como si la mansión estuviera alejada de esa ciudad, del contacto de aquellos habitantes que estaban más allá de un frio abismo.
-¿Cómo Se llama esa pintura?-pregunto Twilight, pero con un tono serio, como si quisiera que su anfitrión la distrajera de ese paisaje.
-La Gioconda, de Leonardo Da Vinci. Fue una obra en la que se representa una mujer que mira al frente, no puedo decir que su expresión es de alegría, sino, más bien afable.
Con un débil movimiento, lo llevo hasta la pintura que estaba oculta en las tinieblas de un rincón de la habitación cerca de la ventana. Con un pequeño movimiento de dedos, la pintura se ilumino.
Twilight, quedo mirando la pintura. Esa pintura tenía un realismo impresionante a simple vista. Era como si aquella mujer pintada, verdaderamente estuviera allí, frente a ellos. Pensó por un breve minuto cuando estaba con Isis, una pintura que era un portal. Extendió su mano, pero Virgilio la detuvo.
-No es un portal Twilight. Esta pintura es muy real, como todas las pinturas, en este lugar -Libero la mano de Twilight- de esta pintura es la que te he querido hablar.
-¿Qué tiene tanto de especial?
-esta pintura fue hecha en la época del romanticismo. En esa época, los artistas pintaban o esculpían con temas del cristianismo. Sus pinturas reflejaban a dios, Jesús en la cruz, temas religiosos. Incluso pintaron numerosos pasajes de-pensó unos minutos, sabiendo que ella no conocía el cristianismo- ¿Te acuerdas el libro que leí cuando llegaste aquí?
-Sí.
-Escenas de pasajes de ese libro. Para apartarse de temas religiosos, algunos artistas pintaron y esculpieron grandes Héroes griegos: como Teseo, Heracles, Perseo, o Agamenón. Todos ellos imponentes, majestuosos, figuras tan ideales que nunca podían ser igualadas por un simple mortal. En medio de esa época, en donde los pintores eran contratados por reyes, monarcas, cardenales o el mismísimo papa, apareció esta pintura de las manos de un gran artista: Leonardo Da Vinci. Con un impresionismo que muy pocas veces se vio en esa época, creo a esta mujer. Como puedes ver, esta pintura no es de un gran héroe que derrotaba ejércitos en nombre de un bien mayor como la libertad de un pueblo, un gran monarca conquistando un imperio que es elogiado por sus soldados y su pueblo, un hombre mitad dios muriendo en una cruz que remide a sus iguales de todos los pecados de la carne y marca un pacto con estos y un dios padre, el mismo dios creando al primer hombre, que será su creación más grande, el nacimiento de una diosa de una ostra o la representación de los cielos demostrando toda su grandeza o infiernos mostrando el sufrimiento de todos los seres que en el habitan. Esta única pintura, representa a una mujer.
Una simple mujer mortal. No una mujer que está en los cielos o en los infiernos, no es una diosa, ni una virgen que haga milagros de sanación o una dama que desate una tormenta para vengarse de la humanidad, ni mucho menos una mujer que este escrita tan perfectamente en los libros o en una idea que sea insuperable para cualquier mortal. Es una mujer que vive, que respira, que come, bebe y defeca. Una mujer que vivió con todas las paciones y defectos de la humanidad y de sus semejantes. Que sintió amor por un hombre, arrepentimiento por sus pecados, que sufrió por lo que este mundo le deparo, angustiada por saber que algún día había de morir, que sintió la tristeza por el sentimiento de la perdida, que lloro la muerte de un ser amado, que sintió el dolor y la alegría del parto, que vio a sus hijos crecer, que vio su cuerpo envejecer y quien sabe que otras paciones humanas. Que no sabe si sonreír en este mundo donde a conocido el sufrimiento, pero también ha conocido la felicidad. Su expresión es afable, que nos expresa al mismo tiempo las desdichas y la esperanza, la alegría y el sufrimiento individual, nos muestra la cara de todo un género, un espejo quimérico que deja su interpretación libre a un espectador que puede empatizar con esta imagen tan humana, pero al mismo tiempo tan perfecta- en un breve susurro, con voz trémula pronuncio- Que más podía desear.
Se dio media vuelta y comenzó a caminar alejándose Twilight y la pintura, como si un gran sufrimiento le hubiera golpeado en todo su ser.
Al principio Twilight solo vio alejarse, pero decidió tratar de averiguar qué era lo que había pasado con Virgilio. Corrió un poco detrás de él para alcanzarlo, antes de que él se detuviera en la mitad de la habitación. Se escuchaba que hablaba para sí mismo. Twilight tomo uno de sus hombros.
-¿Te sucede algo Virgilio? ¿Por qué actúas de esa forma? ¿Qué te pasa?- pregunto preocupada.
Él giro sobre sus talones, su rostro reflejaba angustia y tristeza, con algunas lágrimas que rodaban por su mejilla. Twilight quedo mirándolo, en ella despertó un sentimiento de piedad y terror, como las que tiene una madre al ver a su hijo llorar.
-¿Estas…
-Twilight- la interrumpió con voz quebradiza y suplicante- yo daría todo lo que hay en este mundo, todas las maravillas, todas estas personas, toda mi eternidad por pasar solo unas horas con alguien así.
Se secó las lágrimas con la manga de su saco. Continúo con voz más calmada y serena
-En este mundo puedo obtener todo lo que yo quiero, puedo hacer que la tierra flote, puedo hacer realidad los más grandes sueños de cualquier ser, puedo hacer que lo imposible suceda. Tengo más años que la mayoría de los universos y mundos que en el existen, y existiré cuando todos ellos hayan desaparecido- su voz comenzaba a cambiar a una más oscura, al igual que la expresión de su rostro miro a una forma sebera-viviré eternamente Twilight. Puedo crear cualquier ser que yo quiera, haya existido o sea producto de la imaginación. Pero ¿De que me sirve todo eso si nunca seré feliz Twilight? Este mundo es una cárcel, no puedo salir de este lugar, no puedo conocer a nadie verdaderamente pues todos son producto de mi imaginación y los que pasan por aquí son tan pocos y se quedan tan poco tiempo que ni siquiera sé que quienes me han visitado, o si simplemente ha sido mi imaginación que lo ha producido
Dio unos pasos y se acercó a Twilight, solo en ese momento noto que ese ser le llevaba una cabeza de alto. Empezaba a retroceder mecánicamente y tratar de poner una distancia entre ellos.
- ¿Sabes lo que es este castigo? ¿Sabes lo que se siente?- la miraba fijo a los ojos- esta soledad no la ha experimentado ningún ser o dios de ningún mundo, de ninguna dimensión
- Virgilio, me estas asustando, ¡por favor detente!
- yo…yo ya no lo soporto-siguió acercándose, como si no escuchara las suplicas de ella- Este lugar es peor que el infierno en cualquiera de los mundos. Nadie puede aguantar este martirio, esta soledad ¿me estas escuchando?
-Virgilio, por favor detente- ella retrocedió unos pasos
-¡NADIE! ¡no puedo salir de este maldito lugar, no puedo morir, no puedo hablar con nadie, aquí nunca hubo nada!-
Él se movía hacia ella, de una forma amenazadora
-¡No quiero estar aquí! ¡Quiero morir!
Twilight choco contra la pared, deteniéndose en ese lugar. Virgilio se paró frente a ella, con una cara demoniaca. Acerco su rostro a uno de sus oídos, mientras ella trataba de esquivar su mirada.
- Y tú vas a ver como muero-le susurró al oído.
-¡no te me acerques!- grito Twilight asustada.
Lo empujó hacia atrás y corrió hasta la puerta, pero estas se serraron de golpe. Intento girar la perilla, pero no podía. Se dio vuelta, poniendo su espalda contra la puerta y mirando a Virgilio del otro lado de la habitación.
-¿Que no quieres que me acerque? ¿Se te olvida que estas en "mí" mundo? y cuando tienes un mundo para ti, tú decides que es lo correcto, que está permitido y que no. No tienes a donde correr ¿y sabes algo? aquí nadie te escuchara gritar, no tienes poderes, no tienes nada ¿Qué vas a hacer? Si quiero, puedo hacer lo que quiera contigo, cualquier cosa que yo desee- dio unos pasos hacia ella antes de detenerse- pero sería muy aburrido. Pongamos algo divertido.
Chasqueo los dedos y en la mano de Twilight apareció un revolver de 6 balas, completamente cargado.
-Eso, princesita es un arma que algunos seres usaban para matarse unos a otros. Lo que tiene, es 6 balas capaz de matarme. Solo debes apuntar el cañón y presionas el dedo índice
Twilight miro ese extraño artefacto que tenía la capacidad de ser un juez entre la vida y la muerte de otros seres. Tenía un miedo casi animal de ese artefacto.
-Ahora Juguemos un juego. Si yo me acerco lo suficiente a ti, hare lo que yo quiera contigo, cualquier cosa que yo desee. Lo que sea. Si me matas antes de que llegue, te ganaras tu libertad.
Chasqueo los dedos y apareció un espejo similar al portal de Equestria
-Ese es el tan preciado lugar que te dará la felicidad que tanto has buscado. Ahora tienes un motivo por el cual matarme. Ahora juguemos- dijo con una sonrisa macabra.
Se empezó a acercar lentamente.
Twilight levanto el arma y presiono el gatillo. Hubo una fuerte explosión que la asusto. El guardián se detuvo y volteo, viendo que el disparo había impactado en el marco de la ventana, rompiendo parte del mismo y del vidrio de la ventana.
-Nada mal para alguien que nunca disparo en su vida. Pero tendrás que hacer algo mejor que eso.
Sigue avanzando.
Twilight volvió a empuñar el arma, esta vez con mucho más nerviosismo que el de antes. Sus ojos estaban empezando a llorar, pero permanecían fijos sobre el guardián. Disparo 3 veces más, todos ellos lejos de su objetivo. Él siguió acercándose lentamente y con los brazos cruzados detrás de él. Se detuvo y contemplo los lugares donde había impactado los proyectiles. Emitió una pequeña risa y continúo. Ella volvió a disparar una vez más, esta vez roso su mejilla derecha, viendo como corría una línea de sangre en su mejilla. El guardián se detuvo y toco su mejilla, sintiendo un pequeño dolor y un líquido cálido que le recorría su piel.
-Muy cerca, muy cerca. Pero no lo suficiente. ¿Tuviste duda de si las balas no me matarían? Piénsalo, si pueden hacerme sangrar, ¿crees que no pueden matarme?
Volvió a acercarse.
Twilight temblaba, no podía pensar en nada lógico sobre ese momento. Solo sentía sus lágrimas caer por el miedo. Empezó a temblar, mientras veía como él se acercaba lentamente. Hasta que quedo en frente de ella, solo separados por los brazos extendidos de ella y la punta del cañón tocada en el pecho del guardián.
-Te queda aún una bala- dijo con tono severo, pero calmado y levanto la punta del cañón con sus dedos y la ubico en su corazón lentamente- adelante, dispara y consigue tu libertad.
Miraba a Twilight con una mirada totalmente desprovista de sentimientos, tan fría como el hielo. Ella temblaba demasiado, ya no podía contener las lágrimas que salían de sus mejillas y empezó a llorar, mirándolo a los ojos. Su mente exploto de dudas y preguntas: ¿Qué le iba a hacer? ¿Dispararle o soportar lo que él le haría? ¿Qué quería de ella? Desvió unos segundos la vista, mirando la cama. Un escalofrió recorrió su espalda, y (dejo a la imaginación del lector lo que paso en ese momento por la mente de Twilight al contemplar la cama). Volvió a dirigirle la mirada. No podía pensar con claridad. Quedaron un minuto así.
-N…no-respondió tartamudeando entre lágrimas-no…no…no.
-¿No, qué?, ese "no" puede tener muchos significados Twilight ¿no quieres que te haga nada? ¿No quieres hacer esto? ¿No vas a dispararme? ¿No qué?
Ella solo trataba de articular alguna palabra, pero solo emitía ruidos de lloriqueos mezclados con palabras inentendibles. Soltó el arma, bajo los brazos y bajo la cabeza hacia abajo cerrando los ojos, de las cuales caían lagrimas a la alfombra.
El guardián observo con la misma expresión y pregunto:
-¿Por qué? ¿Acaso no quieres regresar a tu hogar? ¿Acaso no te amenace lo suficiente para que mi muerte sea válida? ¿Acaso no le tienes miedo a lo que te pueda hacer?
Twilight volvió a mirar a la cama.
-Solo tenías que disparar a alguien que nunca existió ¿Acaso es tan difícil? ¿Por qué debería preocuparte por alguien que nunca más volverás a ver?
-yo…yo…-tartamudeaba entre sollozos, no podía articular nada.
El guardián dio media vuelta hasta la cama y se sentó en el costado derecho. Puso sus codos en sus rodillas y hundió su rostro en sus manos, como si se hubiera arrepentido de lo que había hecho.
-No importa, solo vete-dijo en tono triste.
Ella quedo congelada en el lugar, aun intentando dejar de llorar. Por un segundo, recodo aquella pintura de Iliá Repin.
