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Más allá de la imaginación

by Andrew R. S. Bloom

Chapter 12: La obra (II)

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El cardenal (En un tono disgustado): -Tienes derecho a anunciarte no, no lo tienes, para no agregar lo que has dicho antes, y para no quitarles a los hombres la libertad, en la que antes persististe cuando estuviste en la tierra. Todo lo nuevo que anuncies atentará contra la libertad de la su fe. Te era lo más querido ya en aquel entonces. ¿No les decías: Quiero hacerlos hombres libres? Pero has visto tú a estos hombres libres. Quince siglos nos torturamos con esta libertad, pero eso ha concluido finalmente. Y debes saber que ahora y justamente en la actualidad estos hombres están más seguros ahora que en cualquier otro momento de que son enteramente libres, pues ellos mismos nos han traído su libertad y la han puesto dócilmente a nuestros pies. Pero esto lo hicimos nosotros, ¿era eso lo que deseabas, esa libertad?

La figura del hombre vestido con la túnica blanca no responde y lo mira fijamente.

Cardenal:-pues solamente ahora ha vuelto posible pensar por primera vez en la felicidad de los hombres. El hombre ha nacido rebelde, ¿acaso los rebeldes son felices? Te habían advertido. Tú no oíste las advertencias, rechazaste el único camino por el cual se podía hacer a los hombres felices, pero por suerte al irte arreglamos ese problema en que nos has metido. Nos afirmaste con tu palabra, nos diste el derecho de hacer y deshacer, y por supuesto no nos quitaras este derecho. ¿Para qué viniste a molestarnos?

La figura del hombre vestido con la túnica blanca no responde.

Cardenal:-qué no sabes de las advertencias el espíritu terrible e inteligente, el espíritu de la autodestrucción y del no ser. El gran espíritu hablo contigo en el desierto, y sabemos que te tentó. Pero, ¿no es cierto? ¿No es así? ¿Pero podía decirse al menos alguna cosa más verdadera que él te formuló en 3 cuestiones, y que tú rechazaste y que denominas tentaciones? Aquel fue el único día en que un milagro "verdadero" ocurrió en la tierra. Precisamente en la aparición de aquellas 3 cuestiones se encerraba el milagro. Piénsalo, si reuniéramos a todos los sabios de la tierra (gobernantes, pontífices, científicos, filósofos, poetas, etc.) y formularles la orden: Inventen, creen 3 cuestiones, pero que además correspondan al suceso expresen sobre todo en tres palabras, en 3 frases humanas, toda la futura historia de la humanidad ¿Crees tú que toda la sabiduría de la tierra, podrían crear algo semejante a esas 3 cuestiones que te fueron propuestas por aquel espíritu poderoso e inteligente en el desierto? Ya por estas cuestiones, solamente por el milagro de su aparición, puede entenderse que trabajas no con la inteligencia humana, sino la eterna y absoluta. Porque en estas cuestiones, han sido toda la historia de la humanidad y la manifestación de 3 imágenes en las cuales se juntan todas las contradicciones históricas irresueltas de la naturaleza humana en toda la tierra.

La figura del hombre vestido con la túnica blanca no responde.

Cardenal (Ahora más calmado, toma un respiro y prosigue de modo más calmado): Recuerda la primera cuestión, pero con el sentido verdadero: "Tú quieres ir al mundo y vas con las manos vacías, con algunas promesas de libertad, que ellos en su simpleza y su innato desorden no pueden concebir, a la cual temen y que les da miedo… ¡Pues nunca nada fue tan insoportable para el hombre y la sociedad, como la libertad! ¿Ves esas piedras en este desierto? Conviértelas en panes, y detrás de ti correrá la humanidad como un rebaño, agradecido y obediente, aunque temblando eternamente de que retires tu mano y pierdan sus panes". Pero Tú no quisiste privar al hombre de la libertad y rechazaste la proposición. ¿Pues qué libertad, "razonaste" si la obediencia era comprada con panes? Manifestaste que no solo de pan vive el hombre, ¿Pero sabes que en nombre de este mismo pan terrenal se levantara contra ti la tierra y se enfrentara contigo exclamando: "¿Quién es semejante a esta bestia?" ¿Sabías que pasarían los siglos y la humanidad proclamaría, por boca de los más sabios y de su ciencia que no existe el crimen, y entonces tampoco el pecado, sino que solamente hay hambrientos? Aliméntalos ¡y entonces pídeles virtudes!, eso es lo que escribieron en la bandera que alzaron contra ti y con la cual destruirán tu templo, y se erigirá nuevamente la torre de babel, y que no se acabara de construir como la anterior. Tú pudiste eludir esta nueva torre y reducir por 1000 años los sufrimientos del hombre…pues es a nosotros a quien vendrán, ¡después de atormentarse 1000 años en la construcción de su torre! De nuevo nos llamaran a nosotros que estábamos bajo la tierra (pues antes nos perseguían y nos torturaban), nos encontraran y nos dirán: "Alimentadnos, pues el que nos prometió el cielo no nos lo dio". Entonces nosotros terminaremos la torre, pues la acaba de construir el que los alimenta, y solo nosotros los alimentamos, en tu nombre, y mentiremos que es en tu nombre. Ninguna ciencia les dará el pan mientras quieran permanecer libres, pero terminaran por traer su libertad a nuestros pies y decir: "Mejor, háganos esclavos, pero aliméntenos". Ellos mismos comprenderán que libertad y pan terrenal en abundancia para cada uno son impensables juntos., ¡pues nunca podrán repartirse entre sí! Se convencerán que nunca podrán ser libres, porque son endebles, viciosos, insignificantes y rebeldes. Tú les prometiste el pan celestial, pero ¿Puede este compararse a los ojos de los débiles, eternamente viciosos y eternamente innobles tribu humana con el pan terrenal? Y si detrás de ti, en nombre del pan celestial, corrieron miles y desenas de miles, ¿Qué pasaría con los millones y decenas de miles de millones de seres sin fuerzas para desdeñar el pan terrenal a cambio del celestial? ¿O solo te importan las decenas de miles de grandes y fuertes, y los millones de débiles restantes, innumerables como la arena del mar, pero que te aman, deben servir como materia para los grandes y fuertes? No, a nosotros también nos importan los débiles. Ellos son viciosos y rebeldes, pero se volverán obedientes. Se asombraran de nosotros y nos consideraran dioses, pues nos avendremos a cargar con la libertad. Pero nosotros diremos que somos obedientes a ti. Los engañaremos, pues debemos mentir. Aceptando los panes, hubieras respondido al universal y siempre eterno pesar humano.

La figura del hombre vestido con la túnica blanca no responde y esta vez mira con piedad y resignación al cardenal.

Cardenal:-La segunda cuestión, "¿Ante quién inclinarse?" No hay ocupación más ininterrumpida y torturadora para el hombre, después de quedarse libre, buscar cuanto antes aquello ante que inclinarse. Pero el hombre busca inclinarse ante aquello que sea ya indiscutible que todos convengan de golpe en inclinarse universalmente ante ello. Pues la preocupación principal no consiste solamente en hallar ante quien inclinarse, yo o el otro, sino hallar una cosa en la que todos crean y ante la cual todos se inclinen, y que sea "todos juntos". Por esta inclinación se han exterminado con la espada unos a otros. Crearon a los dioses y se han dicho unos a otros: abandonen a sus dioses y vengan a inclinarse ante los nuestros y sea este dios que tome innumerables formas e innumerables nombres. Si no, ¡muerte a ustedes y sus creencias y dioses! Y así será hasta el fin del mundo, incluso cuando desaparezcan del mundo los dioses: de todos modos creerán ante nuestros ídolos. Tú conocías esto, no podías no conocer este misterio de la naturaleza humana, pero rechazaste la única bandera que todos se inclinaran ante ti: primero la bandera del pan terrenal, y lo rechazaste por la libertad. Luego, ¡el mismo error, otra vez por la libertad! Te digo, no hay hombre con más preocupación, más torturadora que encontrar a aquel a quien entregar cuanto antes ese don de la libertad con que nace este desdichado ser. Pero de la libertad de los hombres se apodera solamente aquel que tranquilice sus conciencias. Con el pan te daban una bandera indiscutible: le darías el pan y el hombre se inclinaría, pues no hay nada más indiscutible que el pan; pero si alguien al mismo tiempo se apropiara de su conciencia más allá de ti, oh, entonces él incluso arrojaría tu pan e iría tras aquel que le sedujera su conciencia. En esto, tú tenías razón. Pues el secreto de la existencia humana no está en vivir solamente, sino en para que vivir. Piénsalo, si solo hubiera panes, pero no un motivo, el hombre se aniquilaría. Esto es así, y que resulto: ¡Ampliaste la libertad de los hombres! ¿Acaso te olvidaste que la tranquilidad e incluso la muerte le son menos caras al hombre, que la libre elección en el conocimiento del bien y del mal? No hay nada más seductor que la libertad de su conciencia, pero tampoco nada más torturador. En vez de tranquilizar la conciencia del hombre, tomaste todo lo que estaba más allá de las fuerzas de los hombres, y por eso actuaste de esa forma, ¡como si no los amaras!...y eso que: tú viniste a entregarte a ellos. Deseaste el libre el libre amor del hombre para que fueran detrás de ti libremente. En lugar de la firme ley antigua, con el corazón libre debía el hombre decidir por sí mismo en adelante que era el bien y que era el mal, teniendo como guía solamente tu imagen. Cansados, exclamarían que la verdad no estaba en ti, pues los dejaste solos con tantos problemas y preocupaciones irresueltas ¿Qué te proponías? Si sabias que hay 3 fuerzas únicas en la tierra que pueden vencer para siempre y cautivar, para su propia felicidad de estos míseros seres: el milagro, el misterio y la autoridad. Tú los rechazaste, los 3.

La figura del hombre vestido con la túnica blanca no responde.

Cardenal:-La tercera cuestión: cuando el terrible y sabio espíritu te puso en la cima del templo y te dijo "Si quieres saber si eres tú el hijo de dios, arrójate al vacío, pues se ha dicho que a Él los ángeles lo sostendrán y lo llevaran, y no caerá ni se magullara, entonces sabrás si eres el hijo de dios y demostrara cual es la fe en tu padre"; pero tu rechazaste la proposición, no te arrojaste. Ho aquí ya no había duda de que te comportaste como un dios. Pero los hombres, estos débiles rebeldes… ¿Son ellos dioses? Oh, tú comprendiste en ese momento que, de hacer un solo movimiento de arrojarte al vacío, hubieras tentado a tu padre y perdido toda su fe en él, y te hubieras desplomado en la tierra que viniste a salvar, y hubiera ganado aquel espíritu terrible he inteligente. Pero ¿Hay muchos como tú? ¿Esta creado la naturaleza humana para rechazar el milagro incluso en tan terribles momentos de la vida, y en momentos de sus preguntas espirituales más terribles, fundamentales y torturadoras quedarse con la libre decisión del corazón? Oh, tu sabias que esta gran historia alcanzaría todos los confines de la tierra, y de los tiempos futuros, y confiaste en que, al seguirte, también el hombre se quedaría con dios, sin tener necesidad de milagros. Pero, ¿no sabías que apenas el hombre rechazara el milagro inmediatamente rechazaría también a dios?, pues el hombre busca no tanto a dios como a los milagros. En tanto el hombre no tiene fuerzas para quedarse sin milagros habrá de crearse milagros nuevos, ya propios, y habría de inclinarse ante el milagro del hechicero, del curandero, por más rebelde, hereje o ateo que sea. Tú no bajaste de la cruz cuando te gritaban, burlándose y haciéndote enojar "Baja de la cruz y creeremos que eres tú". No bajaste porque no quisiste esclavizar al hombre con el milagro. Pero también juzgaste aquí al hombre de manera demasiado elevada, pues son esclavos, por más que Allan nacidos rebeldes. Ve a verlos a quienes has elevado hasta ti. ¡Te juro que el hombre ha sido creado más débil y ruin de lo que tú pensabas! ¿Puede cumplir lo mismo que tú? Es demasiado lo que les exiges…y de esto que viene de alguien que los ama tanto. Él es débil e infame ¿Qué hay ahora en que ahora se revelen en todas partes contra nosotros y se enorgullezcan de revelarse? Es el orgullo del niño. Solo son niños. Pero adivinaran lo estúpidos que son, reconocerán que el que los hizo rebeldes sin duda para reírse de ellos. Entonces: inquietud, rebeldía y desdicha… ¡Ese es el estado actual del hombre después de que tu padeciste tanto por su libertad! Se dice que tu viste la primera resurrección, y que cada generación había doce mil. Pero si hubiera tantos, ellos mismos es como si no fueran hombre, sino dioses. Tú puedes señalar con orgullo a estos hijos de la libertad, del libre amor, del libre y esplendido sacrificio en tu nombre. Pero ¿y los restantes? ¿De qué son culpable los débiles lo que no pudieron soportar los fuertes? ¿De qué es culpable el alma del débil, sin fuerzas para hacer lugar a tan terribles dones? Si viniste para los elegidos, aquí hay un misterio. Pero si es un misterio, también estamos en derecho de predicar el misterio, y por este misterio, era al cual debían doblegarse ciegamente.

Toda la sala quedo un minuto en silencio.

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